Literatura Selecta del Próximo Oriente Antiguo
Sargón

    “Yo soy Sargón, rey fuerte, rey de Agadé; mi madre era pobre, a mi padre no le
    conocí… Ella me concibió, mi madre, la pobre, a escondidas me dio a luz, me puso en
    un cesto de mimbres, con betún me cerró la puerta. Ella me abandonó al río, y éste
    no me sumergió. El río me llevó hasta llegar junto a Akki, el portador de agua. Akki
    me miró con benevolencia y me sacó del agua. Akki, como hijo suyo me adoptó y me
    educó. Akki me colocó para cuidar su jardín. Mientras era jardinero, la diosa Istar me
    amó. Durante 55 años ejercí la realeza…” (2300 a.C.)
Gilgamesh

    “Su humor llevó a los grandes dioses a provocar un  diluvio … El príncipe Ea (me
    dijo): “Haz subir al barco a vivientes de todas las especies …”. Yo lo distribuí en siete
    pisos … Hice subir al barco a toda mi familia y a toda mi familia política; hice subir a
    las bestias de los campos, a los animales de la estepa y a todos los artesanos. Vi el
    aspecto del tiempo: el tiempo tenía un aspecto espantoso. Entré en el barco y cerré
    la puerta … El arma divina pasó sobre las gentes como un huracán. El hermano ya
    no veía a su hermano. Los dioses tuvieron miedo del diluvio, se retiraron y subieron a
    los cielos de Anu. Los dioses, acurrucados como perros, se quedaron agazapados
    contra el muro exterior. Los dioses lloraban, sus labios estaban cerrados … El
    séptimo día, el barco se detuvo en el monte Nisir. Hice salir una paloma; regresó: no
    había dónde descansar. Después envié una golondrina. Después partió un cuervo y
    vio que las aguas habían disminuido; comió y no regresó. Entonces dejé salir [todas
    las cosas] a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio. Los dioses sintieron el buen olor;
    se apiñaron como moscas en torno al sacrificador. El dios Enlil vio el barco y montó
    en cólera … “¡Alguien escapó con vida! ¡Nadie debía sobrevivir a la catástrofe!”. Ea
    dijo al valiente Enlil: “¿Cómo pudiste sin razón provocar el diluvio?”. Después Enlil
    nos bendijo: “¡Hasta ahora, Uta-Napistim era de naturaleza humana; en adelante, él y
    su mujer serán como nosotros dioses!” (Epopeya de Gilgamésh, tablilla XI, líneas 14
    … 194, del segundo milenio a.C.).
Atra Hasis

    “Enki abrió la boca diciendo a los grandes dioses: “Den muerte a un dios, que los dioses queden
    justificados en el juicio. Que con su carne y su sangre mezcle Ninjursag la arcilla; que lo del dios y lo
    del hombre se mezclen juntos en la arcilla ... Que de la carne del dios tenga un espíritu”. Mataron en
    su asamblea a We, dios dotado de razón; con su carne y con su sangre, Ninjursag mezcló arcilla.
    Después llamó a los grandes dioses: “Habéis dado muerte a un dios dotado de razón; yo os he
    quitado vuestra pesada tarea, he impuesto al hombre vuestra carga. Habéis hecho obsequio de gritos
    a la humanidad. Yo he desatado el yugo, yo he instaurado la libertad” (Atra-Hasis, tablilla I, líneas 208-
    243, mito babilonio, 1650-1600 a.C.)
Enuma Elish

    “Marduk aseguró su poder sobre los dioses encadenados y volvió hacia Tiamat a la que había
    vencido. De su masa inexorable hendió el cráneo. Aplacado, el Señor contempla el cadáver: quiere
    dividir al monstruo, crear de él una obra maestra. Lo parte en dos como a un pescado seco; con una
    mitad hace la bóveda de los cielos, traza sus límites, pone unos guardias y les encarga que impidan
    salir a sus aguas” (Fragmento del poema Enuma Elish, 1100 a.C.)
Atón

    “Tú apareces perfecto en el horizonte del cielo, disco viviente que estás en el origen de la vida.
    Cuando te elevas en el horizonte oriental, llenas todo el país de tus perfecciones. Cuando te pones en
    el horizonte occidental, la tierra está en tinieblas, como en la muerte. La tierra yace en silencio, pues
    el que la ha creado descansa en su horizonte. Luego la tierra se ilumina cuando tú te elevas, en el
    horizonte y brillas, disco solar, durante el día. Los hombres despiertan y se ponen en pie, pues tú los
    haces levantar. Sus brazos adoran tu aparición, luego la tierra entera se dedica a sus trabajos. Las
    barcas descienden o remontan el río. Todos los caminos están abiertos cuando tú apareces. Los
    peces saltan ante tu faz en la superficie del río... Tú eres el que hace desarrollarse el germen en las
    mujeres y creas la semilla en los hombres. ¡Cuán hermosas son tus creaciones! Están ocultas al
    rostro de los hombres, oh Dios único, al que ningún otro es semejante. Tú has creado el Nilo para
    hacer vivir a los humanos, pues los has creado para tí, tú, el Señor de todos cuantos son, que te
    fatigas por ellos. Señor de la tierra, que brillas por ellos. Tú estás en mi corazón…“ (Fragmentos del
    Himno egipcio al dios-sol, compuesto por el faraón Akenatón, 1375-1358 a.C.)
Manuel Delgado Ochoa
El Mundo de la Biblia
Instituto Bíblico San Jerónimo
Diócesis de Ciudad Juárez
Literatura selecta del Próximo Oriente Antiguo
Agosto del 2007
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